lunes, 18 de junio de 2012

TRUJILLO:Juan Bosch escribe sobre Rafael Trujillo.Textos de ''La revolucion de Abril'' y de ''Composicion Social Dom.'' de Bosch


PREAMBULO NECESARIO

Durante mucho tiempo el pueblo dominicano ha pretendido vivir organizado como una sociedad capitalista sin que llegara a serlo. Eso es lo que explica que comenzara su vida política con una revolución burguesa, que es así como debe ser calificado el movimiento del 27 de febrero de 1844 (Independencia Nacional Dominicana). Esa revolución burguesa no iba a cuajar ni en todo el siglo pasado ni en los primeros dos tercios de este (siglo 20) porque no se formó la clase social que debía impulsarla, sostenerla y beneficiarse de ella (la burguesía). Lo cierto es que la revolución burguesa dominicana existió como un fantasma en la mente de la pequeña burguesía que se levantó contra los haitianos en el 1844, contra Báez en 1857, contra los españoles en el 1863 y aparentemente contra el Triunvirato el 24 de abril de 1965. La existencia fantasmal de esa revolución en la mente de la pequeña burguesía nacional compensaba la imposibilidad de que se estableciera un Estado burgués real en un país que no podía ofrecerle a ese tipo de Estado las bases materiales sin la cuales no podía sostenerse.

Fue la ocupación militar norteamericana de 1916 la que creó esas bases materiales necesarias (carreteras, trenes, un ejército, etc.), absolutamente indispensables, para que en República Dominicana comenzara a desarrollarse una clase burguesa, y solo una clase burguesa podía hacer la revolución burguesa que no pudieron hacer ni los trinitarios de Juan Pablo Duarte ni los azules de Gregorio Luperón.
El gobierno militar norteamericano que construía esas carreteras no lo hacía porque quisiera hacerles un servicio a los dominicanos sino porque dos de ellas penetraban Haití y Haití estaba ocupado también por las fuerzas de los Estados Unidos; la del Este recorría la zona de los ingenios azucareros en los que había inversiones yanquis, y por último, solo si disponíamos de buenas carreteras podríamos convertirnos en compradores de automóviles y camiones fabricados en los Estados unidos y de gasolina hecha con petróleo de Pennsylvania.

Al abandonar el país en Julio de 1924, las tropas norteamericanas dejaron echadas las principales bases materiales para la existencia real, no fantasmal, de un Estado burgués dominicano. Fundamentalmente, esas bases eran un sistema de comunicaciones extendido por las regiones más importantes, un ejército de tierra formado por oficiales profesionalizados y clases y soldados contratados para servir durante un tiempo dado por un salario establecido, un sistema impositivo que garantizaba la recaudación de los fondos necesarios para mantener el funcionamiento del Estado en su doble aspecto civil y militar.
En 1924, al irse del país, los ocupantes norteamericanos dejaron echadas las bases materiales del Estado burgués, pero no había una burguesía que pudiera aprovecharlas. Para integrar una burguesía dominicana faltaban aun la burguesía industrial, la financiera, la técnica, la política y la militar. Esta última es la que forma la raíz y el tronco de un estado burgués, así como el ejército proletario es el que forma la raíz y el tronco del Estado socialista.

En ese escenario empezó a surgir en el panorama político el hombre que iba a sustituir a esa inexistente burguesía industrial, y más tarde a la también inexistente burguesía financiera; y pudo surgir porque la ola de la gran crisis (crisis del capitalismo de 1929) lo halló situado en el mando de las fuerzas armadas del país. Estamos hablando, como debe suponerlo el lector, de Rafael Leónidas Trujillo, a quien iba a tocarle adquirir, con la ayuda del poder del Estado, ‘’nuevos medios para la represión y la explotación de la clase oprimida’’ dominicana.

RAFAEL LEONIDAS TRUJILLO MOLINA

El 9 de diciembre de 1919, Rafael L. Trujillo, que había cumplido poco antes 27 años, enviaba una carta a C.F. Williams, coronel comandante de la Guardia, en la que solicitaba un puesto de oficial en ese cuerpo, y nueve días después se le nombraba segundo teniente con un sueldo mensual de 75 pesos, cantidad que sería aumentada a 100 al comenzar el año de 1920. En Junio de 1921 la Guardia Nacional pasó a llamarse Policía Nacional Dominicana y el segundo teniente Trujillo entro como cadete en la recién fundada Escuela Militar de Haina donde estaría hasta diciembre de 1921; de ahí pasaría a prestar servicios en San Pedro de Macorís y poco después en Santiago, y se hallaba en esa ciudad en 1922, cuando fue ascendido a capitán según nombramiento firmado por el presidente provisional de la República, Juan Bautista Vicini Burgos.

LOS ASCENSOS DE TRUJILLO

Al comenzar el año 1922, la presencia de la infantería de Marina de los Estados Unidos en Santo Domingo era un motivo de preocupación para los gobernantes norteamericanos. En ese momento, Rafael L. Trujillo, segundo teniente de la Policía Nacional Dominicana, de 30 años cumplidos, no podía darse cuenta hacia adonde lo llevarían los acontecimientos políticos que se derivarían de la crisis económica en que iba hundiéndose el país y de la campaña internacional contra la ocupación militar que estaban llevando a cabo intelectuales como Fabio Fiallo y Max Henríquez Ureña y líderes obreros como José Eugenio Kunhardt.
En el mes de mayo de 1922 hizo un viaje a Washington un abogado que representaba el país a los más importantes intereses norteamericanos. Se trataba de Francisco José Peynado, persona de reconocida habilidad y muy discreta, quien, dadas sus conexiones en los círculos de poder económico de los Estados Unidos, debía estar en contacto con políticos prominentes que tuvieran acceso a personajes como el secretario de Estado, Charles Evans Hughes, puesto que en poco tiempo fue aprobado el llamado Plan Hughes-Peynado cuya aplicación determinaría la restauración del Estado dominicano y la subsiguiente salida de la fuerza militar interventora. En pocas palabras, la medula del plan consistía en la creación de una especie de comité con poderes políticos de decisión formado por los jefes de los partidos políticos dominicanos cuya función principal seria escoger un presidente provisional de la República. Ese presidente provisional tendría el encargo de convocar a elecciones en menos de dos años, y las fuerzas de ocupación militar saldrían del país cuando tomaran posesión de sus cargos el presidente de la República y los senadores y diputados elegidos.

El 15 de septiembre (1922), por la orden ejecutiva No. 800, el gobernador militar de Santo Domingo estableció que ‘’la única fuerza armada encargada del mantenimiento del orden público, de vigilar por la seguridad de las instituciones del gobierno de la República Dominicana, de ejercer las funciones de Policía general del Estado y de velar por la ejecución de las leyes de la República’’ era la Policía Nacional Dominicana; de manera que por mandato del poder ocupante, que actuaba, naturalmente, cumpliendo órdenes de sus superiores, la Policía Nacional pasaba a tener las atribuciones que en todas partes del mundo tiene el ejercito, atribuciones que se basan en la posesión del monopolio de la fuerza y por tanto en el monopolio de la violencia organizada de la sociedad.

El 21 de Octubre de 1922 tomaba posesión de su cargo el presidente provisional Juan Bautista Vicini Burgos. Ese mismo día Vicini Burgos nombró a los altos jefes de la Policía Nacional y a varios capitanes, primeros y segundos tenientes. Entre los capitanes se hallaba Rafael L. Trujillo, que no había pasado todavía a ser primer teniente. Menos de dos años después (en septiembre de 1924), Trujillo seria ascendido a mayor y el 6 de diciembre, a teniente coronel, jefe de Estado Mayor comandante auxiliar de la Policía Nacional. Siete meses y medio más tarde Rafael L. Trujillo pasaba a ser coronel comandante de la Policía Nacional Dominicana; el 13 de agosto de 1927 era ascendido a general de Brigada y el 17 de mayo de 1928 la ley No. 928 convertía la Policía Nacional en Ejercito Nacional. Al llegar a esa posición, en las manos de Trujillo cayó, de hecho, el poder del Estado, y si algo sucedía, le caerían también en las manos las formalidades que le dan legalidad a ese poder.

DEL PODER POLITICO AL PODER MILITAR

¿Cual fue ese plan político que pondría en manos de Trujillo las formalidades llamadas a darle legalidad al poder efectivo que tenía en sus manos? Fue el que podríamos bautizar con el nombre de Movimiento Cívico, puesto que así quedo nombrada en la historia de aquellos días la mascarada de levantamiento armado que se inicio en Santiago el 23 de febrero de 1930, cuando un grupo de hombres, manejando fusiles que estaban en desuso desde el 1916, tomó la fortaleza de Santiago sin que al guarnición que debía defenderla disparara un tiro. Aparentemente, el jefe político de ese movimiento era Rafael Estrella Ureña y el jefe militar era su tío José Estrella, que había tomado parte en varias asonadas de las que se conocieron en el país antes de la ocupación militar norteamericana de 1916; pero en realidad había un jefe militar y político a la vez que dirigía el movimiento en las sombras del anonimato, por lo menos para la generalidad de los dominicanos, y ese era Rafael L. Trujillo, de quien la guarnición de Santiago había recibido órdenes de entregar la fortaleza San Luis sin combatir. Una orden igual el fue dada a un destacamento del ejército que fue enviado a tomar posiciones entre la Capital y lo que hoy es Villa Altagracia y entonces se llamaba Sabana de los Muertos. Si los militares no dispararon sus armas tampoco tenían necesidad de usar las suyas los hombres del Movimiento Cívico, que entraron en la Capital a bordo de camiones y automóviles. El solo grito de ‘’Abajo el gobierno’’ bastó para derrocar el del presidente Vásquez, que se había asilado en la embajada de los Estados Unidos después de haber nombrado a Rafael Estrella Ureña secretario de Estado de lo Interior y Policía, que de acuerdo con la Constitución  era el llamado a suceder al jefe del Estado en caso de renuncia, muerte o inutilidad de éste.

Estrella Ureña iba a durar cinco meses y medio en su cargo de presidente de la República, pues el papel que le tocaba desempeñar en el plan político que debía culminar el 16 de agosto de ese año consistía en servir de puente para que el poder de hecho que como jefe del Ejercito tenia Trujillo sobre el aparato del Estado quedara legalizado al recibir el título de presidente constitucional. Ese título fue alcanzado con una mascarada electoral celebrada el 16 de mayo, que hizo pareja con la mascarada de levantamiento armado llevada a cabo el 23 de febrero. Para dejar bien establecido ese carácter de mascarada debemos decir que nueve días antes de las elecciones, en protesta por la intervención de los militares en el proceso con actuaciones partidistas a favor de la candidatura Trujillo-Estrella Ureña, todos los miembros de la Junta Central Electoral renunciaron a sus cargos. Un día antes de los comicios la Alianza Nacional-Progresista, que era la fuerza política opuesta a Trujillo, retiró a sus candidatos de las elecciones, y cuando después del 13 de mayo la Alianza presento ante la Suprema Corte de Justicia una demanda de nulidad de esas elecciones, hombres armados se apoderaron en pleno día de toda la documentación en que se basaba la denuncia, hecho que se llevó a cabo en presencia de los jueces y del publico que se hallaba en el alto tribunal. Pero es el caso que desde el punto de vista formal, y por tanto legal, Rafael L. Trujillo pasó a ser presidente de la República y con la autoridad del cargo iba a convertirse en empresario y beneficiario principal de la instalación del capitalismo industrial y financiero nacional que el país no había conocido en toda su historia.

Ahora bien, esa tarea sería llevada a cabo por Trujillo pero el costo que pagaría el pueblo dominicano serian 30 años de opresión, hambre, sufrimiento de todos los tipos, lo cual era natural si tomamos en cuenta que tal como había dicho Carlos Marx en el conocido capitulo XXIV de El Capital, ‘’el capital viene al mundo chorreando sangre y lodo por todos los poros, desde los pies hasta la cabeza’’. En tanto conglomerado humano, nosotros habíamos sido empujados, sin contar con nuestra voluntad, hacia el campo del sistema capitalista, que se hallaba en estado de formación cuando Colón descubrió la isla en que iba a establecerse la República Dominicana, pero el capitalismo solo había funcionado aquí de manera aislada en su aspecto mercantil, y aun así era sumamente débil, a tal punto que la gran mayoría de los comerciantes dominicanos no habían pasado nunca antes de 1930, del nivel de los altos y los medianos pequeños burgueses. Salvo 3 ingenios de azúcar que no figuraban entre los mayores y que habían pasado a manos dominicanas por herencia, todos los demás eran propiedad de extranjeros, como lo era casi todo el comercio mas fuerte; no había una sola industria nacional que produjera para el consumo en el país que empleara un numero de obreros que llegara a 50, y no había banco nacional ni se hallaba en ninguna parte un dominicano que supiera cómo funcionaba un establecimiento bancario.

LA DOBLE CONTRADICCION

En los países avanzados de Europa la burguesía fue haciéndose de capitales y con ellos iba acumulando lo que en el trabajo titulado Carlos Marx llamaría Engels ‘’La riqueza social y el poder social’’, y sería mucho tiempo después, ‘’al llegar a cierta fase’’, cuando conquistaría también el poder político con el cual iba a convertirse ‘’a su vez en clase dominante frente al proletariado y a los pequeños campesinos’’.
En el caso de República Dominicana y del papel que jugó en ella la tiranía trujillista hay que partir de una contradicción que se daba en 1930 entre el país y el mundo capitalista del cual era formalmente parte. Esa contradicción consistía en que mientras el mundo en que nos hallábamos insertados era tan avanzado en términos de desarrollo industrial, social que en algún punto se había pasado al socialismo trece años antes, (concretamente, en Rusia, un país de 60 millones de habitantes), para 1930 nosotros no habíamos entrado aun en la etapa del capitalismo industrial nacional, de manera que hubiera sido un contrasentido que nuestro desarrollo económico y político esperara, para iniciarse, a la formación de una burguesía dominicana que pudiera tomar el poder político a través del control del Estado después de haber acumulado ‘’riqueza y poder social’’.

En este país el proceso tenía que llevarse a cabo al revés o no se haría nunca, y al revés significa empezar tomando control del Estado para con el uso del poder político pasar a formar una burguesía capaz de darnos sustancia capitalista aunque para eso fuera necesario hacernos chorrear sangre y lodo por todos los poros, desde los pies hasta la cabeza.  Solo así podía resolverse la contradicción entre el país y el mundo capitalista, pero puesto que no teníamos desarrollo capitalista, y eso nos distanciaba de los centros mundiales del capitalismo, era necesario que para resolver aquella contradicción se incurriera en una de métodos.

Esa contradicción de métodos, ¿Cómo podía resolverse?
Empezando el desarrollo del capitalismo nacional por donde más alto había llegado el del capitalismo, que era por la formación de monopolios en las principales ramas de la actividad económica. Eso lo hizo Trujillo apoyándose en el poder del Estado, y de esa monopolización se derivó el hecho de que la burguesía trujillista, la primera que llegó al gobierno del país, quedara reducida a Trujillo y sus familiares y allegados y que a pesar de su debilidad cuantitativa fuera poderosa y eficiente para alcanzar sus fines propios.
Cuando Trujillo empezó su carrera de creador de monopolios no lo hizo pensando que estaba resolviendo una doble contradicción cuya existencia ignoraba por completo; ni lo hacía porque creyera que con el uso de los poderes que tenía a sus órdenes en su condición de Jefe del Estado iba a cumplir un papel histórico. Nada de eso. Lo hizo porque se proponía ser el dominicano más rico de todos los tiempos. Ni por esos días ni en los últimos de su vida llego él a darse cuenta de que había pasado a ser un burgués; el más completo, en todos los órdenes, de los contados burgueses que había dado el país, y en un sentido estrictamente cualitativo, el único de ellos, puesto que ninguno antes que él había sido un capitalista que operaba en todos los campos del sistema (el terrateniente, comercial, el industrial, el financiero) Trujillo actuaba con una idea clara de lo que quería y de cómo conseguirlo, sin que le perturbaran en los mas mínimos escrúpulos morales o de otra índole. Pero además de eso, Trujillo resumió en su persona a toda la burguesía histórica puesto que aplicó en la República Dominicana métodos de acumulación originaria que habían puesto en práctica los conquistadores ingleses de la India doscientos años antes sin que tuviera la menor idea de que habían existido, siquiera, esos conquistadores ingleses, y aplicó métodos de acumulación capitalista que habían usado las burguesías de los Estados Unidos y de Francia el siglo pasado a pesar de que no estaba enterado de su existencia.

Sabemos que lo que estamos diciendo va a ser tomado por algunos autocalificados marxistas de este país como elogios a Trujillo, lo que se explica porque esos supuestos marxistas ignoran que un sistema económico-social, cualquiera que sea, se reproduce constantemente en las ideas y la manera de actuar de millones de personas que no saben por que piensan y actúan como lo hacen, fenómeno parecido al que podemos ver repetido en los autores de varios inventos de orden práctico hechos al mismo tiempo en lugares diferentes del mundo, verbi-gracia, el caso del cinematógrafo, inventado en Francia por los hermanos Lumiere y en los Estados Unidos por Tomas Edison.

El propósito de establecer un monopolio surge de manera natural en el mente de cualquier hombre que a la vez que aspire a enriquecerse tenga a su disposición la suma de los poderes de un estado, incluyendo, claro está, el mando de una fuerza militar, y que ejerza esos poderes en un territorio donde abunde un producto de uso general, como es el caso de la sal; y por tanto no debemos sorprendernos de que al disponer de fuerzas militares en la India los ingleses organizaran en aquel subcontinente el monopolio de la sal y que casi doscientos años después Trujillo hiciera lo mismo en la República Dominicana, donde además de sal marina la había también mineral y él era el jefe del Estado y el comandante real y efectivo de la fuerza armada.

LOS MONOPOLIOS DE TRUJILLO

En el terreno de todos los tipos de negocios, Trujillo fue un monopolista consumado no solo porque él quería serlo o prefería serlo sino también porque el medio económico-social lo requería y porque la posesión de la suma de los poderes del estado le proporcionaba los medios indispensables para hacer respetar sus monopolios.

¿Cuáles eran esos medios?
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En primer lugar, los cuerpos legisladores, o sea, el Senado y la cámara de Diputados; con ellos a su disposición hacia pasar cuantas leyes necesitara para legalizar sus empresas monopolistas.
·         En segundo lugar, la fuerza pública, y muy especialmente el aparato militar, que tenia la encomienda de hacer cumplir las leyes y de manera singular aquellas cuyo cumplimiento eran de interés para Trujillo.
·         En tercer lugar, el poder judicial, que es, en el aparato del Estado, el que tiene la capacidad de decidir acerca de la aplicación de las leyes.
Para hacer una acumulación de capitales rápida había que proceder a monopolizar algunos de los productos que el pueblo tuviera que consumir por necesidad o había que organizar algún tipo de monopolio que se alimentara con fondos del estado. Trujillo comenzó a acumular capitales partiendo de monopolios de ambos tipos.

Monopolio de la sal

El primero fue el de la sal. La sal que consumía el pueblo dominicano era marítima, pero había sal de mina, la del fabuloso deposito de Neyba, del que eran propietarios unos cuantos campesinos de la baja pequeña burguesía. Trujillo obtuvo de ellos la propiedad de las minas de Neyba y a seguidas hizo pasar por el congreso una ley que ordenaba la clausura de las salinas marítimas bajo la especie de que su explotación causaba perjuicios al litoral. Promulgada la ley, y ejecutada por la fuerza pública, el país pasó a consumir la sal de Neyba, que era la única mina de sal de la República. En dos palabras, todos los dominicanos se convirtieron en consumidores de la sal de Trujillo. En poco tiempo el precio de la sal pasó de un peso a cinco pesos el quintal, de manera que el monopolio de la sal comenzó a producirle a Trujillo, desde el primer año, millones de pesos anuales.

Monopolio de los seguros

Mediante otra ley se estableció que el estado tenía que asegurar a sus empleados, a unos contra accidentes y a otros contra la posibilidad de pérdidas de fondos públicos. La ley que ordenaba esos seguros fijaba requisitos que debía llenar la empresa aseguradora, y resultaba que la única que estaba organizada según esa ley era la San Rafael, que había establecido Trujillo poco antes.

Monopolio del tabaco

En el caso de los seguros como en el de la sal, no hubo que emplear capitales de inversión. Esos empezó Trujillo a usarlos cuando ya disponía de ellos, acumulados mediante  el monopolio de la sal, de los seguros del estado, de la venta de carne en la capital. Y los usó para comprar acciones de empresas ya establecidas, como por ejemplo la tabacalera, única fábrica de cigarrillos del país y que acabo siendo propiedad de Trujillo.

En el preciso momento en que Trujillo empezaba a tener acciones de la tabacalera empezó a instalarse en el país la Reynold Tobacco, una poderosa firma norteamericana dedicada a fabricar cigarrillos. Trujillo actuó en ese momento con decisión y celeridad y forzó a la Reynold a cerrar su fábrica. Así el dictador retuvo el monopolio dominicano de los cigarrillos hasta el día de su muerte, aunque parece que las acciones estaban a nombre de su esposa, la señora María Martínez.

Cuando se enfrentó a la Reynold Trujillo era ya un burgués, y como burgués al fin, no permitía que ningún capitalista extranjero le arrebatara o le disminuyera su campo natural de actividades económicas, que era el territorio de Santo Domingo. En ese sentido, Trujillo fue un nacionalista intransigente; pero su nacionalismo fue típicamente burgués, y debido a eso comenzó a manifestarse solo después que él había llegado a la categoría de burgués.  En los tiempos en que era un pequeño burgués no había tenido esa actitud nacionalista y se había plegado a ser un colaborador de la ocupación militar norteamericana como oficial de la guardia que había formado el gobierno militar extranjero. Pero esos días habían quedado atrás.

UNA CONTRADICCION

Con Trujillo vivió la República Dominicana una experiencia que debería ser analizada seriamente para sacar a la luz las enseñanzas que hay en ella. Es experiencia se expresó en la forma siguiente: El dictador introdujo en el país el capitalismo industrial nacional (y también el financiero) y desde ese punto de vista fue el poder que impulsó la etapa más importante del desarrollo de las fuerzas productivas que había tenido el país a partir de los tiempos en que comenzó la decadencia de nuestra industria azucarera. Pero como para desempeñar ese papel necesitó fundar su emporio económico en la existencia de una cadena de monopolios, al mismo tiempo que impulsaba el desarrollo de las fuerzas productivas en un aspecto lo impedía en otro 
muy importante. Trataremos de explicar inmediatamente a que se debía esa contradicción.

En el sistema capitalista, el combustible que hace andar el motor del desarrollo es la ambición de los aspirantes a ser ricos. Esa aspiración es el producto y a la vez el origen subjetivo del sistema, puesto que sin patronos no sería posible crear la empresa capitalista.  Se acepta como un principio fundamental del marxismo que el trabajador es la más valiosa fuente de fuerzas productivas, y sabemos que el capitalismo existe porque entre los patronos y los obreros se lleva a cabo un acuerdo mediante el cual los últimos les venden a los primeros su fuerza de trabajo; luego, hay que reconocer que sin la existencia de la burguesía no habría capitalismo, y que es ella quien organiza la producción apoyándose en que el dinero de que dispone la convierte en propietaria de los medios que se requieren para producir cualquier tipo de mercancía; y ese, precisamente, es el privilegio original del cual salen todos los demás que tiene su clase. Ahora bien, para llegar a la categoría  de burgués en un país como la República Dominicana, y de manera muy especial en los tiempos de Trujillo, había que partir de un nivel dado en el orden social porque salvo en el caso de los comerciantes ricos, que eran los menos, no había posibilidad de disponer dinero de inversión para ningún tipo de negocio industrial; y en el caso de los comerciantes, un estudio de los directorios de propaganda hechos en este siglo, nos demuestra que la mayoría de los comercios que teníamos en el año 1906 habían desaparecido en el 1920 y de los que había en 1920 quedaban muy pocos cuando se publicó el Álbum de Oro quince años después.

Las fuerzas productivas de la República Dominicana eran sumamente débiles para los primeros años de la dictadura trujillista, y si Trujillo impulsó su fortalecimiento al establecer un emporio industrial que iba desde la fabricación de cemento y de harina de trigo hasta la creación de una línea aérea internacional, lo hizo porque monopolizó todos los negocios en que intervenía, y con su cadena de monopolios impidió el desarrollo de la burguesía nacional, lo que fue una manera de obstaculizar las fuerzas productivas del país.
Las revoluciones verdaderas, autenticas, estallan cuando la violencia concentrada de la sociedad impide el desarrollo de sus fuerzas productivas. Si el estallido se produce en el momento histórico en que hay que barrer un sistema económico y social que se ha sobrevivido a sí mismo, o sea, que ha durado más allá de lo que le correspondía al tipo de fuerzas productivas que estaba en la base de su existencia, la revolución se presenta con un poder demoledor de todo lo viejo al que nada ni nadie puede resistir, pero al mismo tiempo aparece con un impulso creador de la nueva sociedad que la hace invencible no importa cuanta sea la capacidad de violencia que puedan poner en acción sus enemigos.


 Juan Bosch


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